PARTE 1
—Tu esposo está entre la vida y la muerte. Firma de una vez y deja tus preguntas para después —me gritó mi suegra a las 2:17 de la madrugada, mientras me empujaba una hoja de consentimiento médico contra el pecho.
Yo había llegado al hospital privado de Querétaro todavía con el pantalón de pijama debajo del abrigo. Teresa, mi suegra, lloraba frente a urgencias. Pero lo que me hizo detenerme no fue verla a ella.
Fue ver a Valeria.
Valeria trabajaba con mi esposo, Mauricio. En la fiesta de fin de año de su empresa me había abrazado, había brindado conmigo y hasta me había llamado “cuñada” de broma.
Ahora estaba apoyada contra una pared, usando pants, sudadera y unas pantuflas. Tenía el cabello húmedo, como si hubiera salido de bañarse a toda prisa.
—¿Dónde perdió el conocimiento Mauricio? —pregunté.