Sarah miró a Chloe una última vez antes de cerrar un poco más la puerta.
Chloe no dijo nada.
Ethan sí.
—Sarah, espera.
Ella mantuvo la mano en la puerta.
Diez años atrás, Ethan había decidido que no necesitaba escucharla.
Ahora era él quien pedía tiempo.
Sarah no respondió.
Solo sostuvo la urna contra su cuerpo y dejó que la puerta quedara entre ellos.
Porque algunas puertas no se cierran para castigar a alguien.
Se cierran para impedir que una historia que ya destruyó una familia vuelva a entrar por el mismo lugar.
Y esta vez, Sarah no iba a ser quien cediera.