Sarah había imaginado aquella escena cientos de veces.
Había pensado que gritaría.
Que lloraría.
Que exigiría una explicación.
No hizo ninguna de esas cosas.
Miró a Chloe.
Luego miró a Ethan.
Y finalmente bajó la vista hacia la urna que estaba junto a ella.
—Tu preciosa hermana regresó sana y salva.
Sarah levantó la mirada.
—Entonces dime, Ethan… ¿puedes devolverme a nuestro hijo?
La pregunta dejó claro algo que él todavía no quería entender.
El regreso de Chloe no podía borrar lo que había sucedido.
Su aparición no devolvía la carrera de Sarah.
No reparaba su brazo.
No borraba las humillaciones públicas.
Y, sobre todo, no podía devolverle al niño que ambos habían perdido.
Ethan frunció el ceño.
—Sarah, acepto que en aquel tiempo me pasé un poco.
Un poco.
Dos palabras que resumían una década de consecuencias.