Cuando los agentes se marcharon y Alonso guardó los documentos, Trevor se quedó en el porche con el teléfono en la mano, revisando su correo con la ansiedad de quien busca una salida en cada mensaje. Kristen seguía discutiendo en voz baja, pero Trevor dejó de escucharla porque algo en la pantalla le había cambiado la expresión por completo. Leyó dos veces el mensaje, se llevó una mano a la frente y murmuró que aquello no podía estar pasando, mientras yo observaba sin acercarme. Al revisar su correo, Trevor encontró un aviso de que la cuenta para los gastos de la mansión, abierta a nombre de Cedarline Capital, había quedado bloqueada esa misma mañana.Parte 4. El video que Trevor no quería ver
En los días siguientes, Trevor contrató a un abogado y alegó que la casa había sido un regalo verbal, que su posesión durante cinco años le daba derechos y que mi venta era un acto de venganza por una discusión familiar. Su argumento sonaba convincente cuando se contaba en voz alta en un despacho, porque apelaba a la costumbre, a la convivencia y a la idea de que un hogar se gana con el tiempo. Sin embargo, la ley no se construye con recuerdos selectivos, y mi abogado me pidió que reuniera toda la documentación para responder con hechos y no con emociones. Yo entregué la escritura de Cedarline Capital, el contrato de la sociedad y los comprobantes de los pagos realizados al contado, cada uno con su fecha, su firma y su registro. No había ninguna transferencia a nombre de Trevor, ningún contrato de donación y ningún pago que lo vinculara con la compra, y esa ausencia era tan elocuente como cualquier documento firmado.