Cuando llegué a las últimas páginas, el ruido de la cena pareció alejarse y mi atención se concentró en los espacios destinados a las firmas. Había un lugar para mí y otro, ya ocupado, previsto para quien debía firmar además de la futura esposa. Arturo me apretó la mano con suavidad, como si quisiera transmitirme confianza, pero sentí un frío preciso que me obligó a leer el nombre impreso dos veces. No era su padre, ni una institución, ni un testigo neutral, sino un nombre de mi pasado. Descubrí entonces que el segundo firmante ya impreso no era Arturo ni su padre, sino Daniel, mi exnovio, presentado como socio oculto de Wells Development en el proyecto Briarwood.Parte 3. Sin firma
No firmé, y lo dije con una calma que me costó más de lo que aparentaba. Sabía que negarme en aquella mesa rompería la coreografía. Pedí tiempo para que mi abogada revisara el documento, sin acusar a nadie. El abogado asintió con profesionalidad, pero su mirada se endureció un instante. Arturo me miró sorprendido y su madre dejó la copa con un gesto contenido. Su hermana intercambió una mirada rápida con su padre, como buscando una salida elegante.