Los informes mostraban ingresos insuficientes, deudas acumuladas y dependencia excesiva de financiación futura, datos que coincidían con los más de once millones y los dos embargos que Nina me había enviado. En mi propia oficina entendí que la familia de Arturo no buscaba un socio nuevo, sino una salida para un proyecto ya evaluado y descartado. La cena no era, pues, el inicio de una negociación, sino la continuación de una búsqueda de meses. Mientras Marcos explicaba los detalles, reconstruí mis seis meses con Arturo y noté un patrón que antes tomé por carácter. Él siempre evitó hablar de las cuentas de su padre, cambiaba de tema ante el negocio familiar y respondía con frases generales sobre esfuerzo, tradición y confianza. Celebraba que fuera sencilla y sin ambiciones visibles, como si eso garantizara que no haría preguntas incómodas.
La dueña