—¿Por eso desapareciste?
—Por eso, y por lo que me dijo después.
—¿Qué?
—Que ya habías rehecho tu vida.
—¿Con quién?
—Con Carol.
La miré fijamente.
—¿Tú sabías de Carol?
—Solo lo que Ruth me contó.
—¿Que ya estábamos juntos?
Anna asintió.
—Dijo que la habías elegido antes de que yo me fuera del pueblo.
—Pero eso no era cierto.
—Ahora lo sé.
Entonces vaciló.
—Hay algo más.
Se me hizo un nudo en el estómago.
—¿Qué?
—Carol estaba ahí ese día.
—¿En la casa de mi madre?
—Sí. Había pasado a dejar una cazuela. Ruth pensó que ya se había ido, pero seguía en la sala.
No pude moverme.
—¿Carol escuchó lo que mi madre te dijo?
—Cada palabra.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque
ella misma me lo dijo. Hace unos quince años me localizó a través de mi hermana y me mandó una carta. Nunca le contesté.