Me explicó que, meses antes, Richard había intentado conseguir acceso a las cuentas de su tía mediante documentos que ella jamás había autorizado.
Gus había guardado copias de correos, movimientos bancarios y una grabación donde Richard presionaba a Margaret para vender la casa.
—¿Por qué no lo denunciaron antes? —pregunté.
—Margaret ya había acudido a las autoridades. La investigación estaba en curso, pero temía que Richard destruyera las pruebas originales.
Thomas me pidió que acudiera a su despacho acompañada de mi abogada. Cuando llegamos, nos mostró el testamento completo.
Margaret había dejado la mayor parte de su patrimonio a la fundación que creó con Gus. A mí me había nombrado beneficiaria de un fondo destinado a garantizar una vivienda estable para mi bebé y para mí.
Además, me ofrecía la posibilidad de colaborar con la fundación cuando estuviera preparada.