Franklin contestó.
Escuchó.
Después se sentó.
—¿Qué dijeron?
Me miró.
—Aceptaron evaluarlos.
No significaba que vivirían.
No significaba que el tratamiento funcionaría.
Solo significaba que todavía existía una puerta.
Y yo iba a atravesarla.
El traslado se realizó esa misma tarde.
Elena quiso irse.
—No —le dije.
—Señor Mercer…
—No eres prisionera.
—Entonces déjeme ir.
—Puedes irte.
Me acerqué.
—Pero quiero preguntarte algo.
—¿Qué?
Le entregué el collar.
—¿Por qué esperaste dos años?
Su rostro se derrumbó.
—Porque tuve miedo.
—¿De Sloane?
—De todos.
Miró el collar.
—Después de la muerte de Genevieve dejé Chicago. Cambié de nombre durante un tiempo.
Pensé que si desaparecía, estaría segura.
—¿Qué cambió?
—Vi un artículo.
—¿Sobre qué?
—La gala de su fundación.
Recordé la fotografía.
Jonah y Blythe aparecían conmigo.
Todavía tenían cabello.
—Me di cuenta de que estaban enfermos.