Me dejaron en el bosque para que muriera y cobrar el seguro. Me arrastré hasta casa y me llevé todo.

—Ahí está el problema.

Sacó una copia de la póliza.

—Hace seis meses, Ricardo solicitó información sobre el procedimiento para reclamar el seguro en caso de fallecimiento.

Elena apretó las sábanas.

—¿Cómo sabes que fue él?

—Porque dejó su nombre, su teléfono y una copia del poder notarial.

El silencio llenó la habitación.

Pero todavía faltaba algo.

Adriana colocó sobre la mesa un tercer documento.

—Y esto es lo más importante.

Era una solicitud de cambio de beneficiario.

Elena la reconoció inmediatamente.

—Yo nunca firmé esto.

—Lo sé.

Adriana había ampliado una copia de la firma.

—Parece tu firma a simple vista. Pero hay diferencias.

Elena tomó los lentes.

Durante treinta y seis años había trabajado con documentos notariales.

Sabía perfectamente lo que estaba viendo.

—La presión del bolígrafo es diferente.

—Exactamente.

—¿Quién presentó esto?

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