Me volví hacia Mauricio sin soltar la puerta.

Una salida para mi madre.

Para mis hijos.

Y, finalmente, para mí.

Y aquella fue la verdadera sorpresa que encontré al volver a casa tres horas antes de Navidad.

No descubrí un secreto de mi padre.

Descubrí la verdad sobre mi propia vida.

Y descubrí que, algunas veces, la puerta que más miedo nos da abrir…

es exactamente la que nos lleva a la libertad.

—Porque tu padre descubrió lo que estaba haciendo.

Me levanté.

Patricia estaba en la puerta.

Mauricio permanecía unos pasos detrás de ella.

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