«Mi abuelo de 76 años me llevaba todos los días al bosque y me kara obligaba a quitarme la ropa hasta quedarme casi semidesnuda. Pero un día, mi madre nos siguió en secreto y escuchó unos gritos extraños que venían de lo más profundo del bosque. Cuando se acercó y vio lo que realmente estábamoskara haciendo, su corazón no pudo soportarlo. Cayó de rodillas y rompió a llorar…»