Se secó las lágrimas.
—Nos dijo que esa joven había quedado gravemente herida.
Yo no podía hablar.
—Intentamos encontrarla —añadió Marisol—. Preguntamos en el hospital, pero no conseguimos su nombre. Después supimos que había sido trasladada a otra clínica.
Recordé que mi familia había decidido llevarme a un hospital especializado para continuar mi tratamiento.
Patricia comenzó a sollozar.
—Ernesto pasó años hablando de aquella muchacha. Siempre decía que había una persona a la que le debía la vida de su nieta.
Alejandro me miraba con lágrimas en los ojos.
—Valeria… ¿por qué nunca me contaste que habías salvado a una niña?
Bajé la mirada.
—Te conté lo del accidente, amor. Pero nunca hablamos de los detalles.
Era verdad.
Alejandro sabía que mi lesión había ocurrido ayudando a unas personas.
Pero yo nunca había mencionado sus nombres.