Dentro había un teclado eléctrico usado.
—Sé que no es tu piano. Pero pensé que quizá extrañabas tocar.
Pasé los dedos sobre las teclas. Toqué una melodía que no había escuchado en años y comencé a llorar.
Warren sonrió desde la puerta.
—Ahí estás, Clare.
Por primera vez, sentí que estaba recuperando a la mujer que había sido.
Pero aquella tranquilidad duró poco.
Esa noche mi abogada llamó.
—Nathan presentó una solicitud urgente relacionada con la custodia de Elliot.
—¿Qué?
—Afirma que tu salud te impide cuidar al bebé y que abandonaste el hogar sin justificación.
—¡Eso es mentira!
—Tenemos tus registros médicos. Pero adjuntó una declaración de una supuesta testigo.
—¿Quién?
—Sabrina Vale.
Me quedé helada.
—¡Esa mujer jamás ha visto a mi hijo!
—Lo cuestionaremos ante el tribunal.
Después de colgar, recibí un mensaje de un número desconocido. Era una fotografía de mi antiguo piano en una habitación elegante. Reconocí una pequeña marca junto a las teclas.