—Es tu hermano —me dijo mientras acomodaba el cuello—. Ojalá disfrute su fiesta.
Nunca me reclamó que yo hubiera ayudado a Ryan, aunque sabía que antes ya le había prestado dinero que no me devolvió completo.
Por eso me dolió tanto verla ahí, con las manos juntas frente al vestido, como si tuviera que disculparse por haber entrado.
Me acerqué y le pedí que viniera conmigo. Ryan me sujetó del brazo antes de que pudiéramos movernos.
—No empieces con tus dramas —me susurró—. Estoy cuidando el ambiente. Aquí hay gente con la que quiero quedar bien.
—Es mi esposa, Ryan.
—Precisamente. Puedes explicarle las cosas sin hacer un escándalo.
Lily escuchó todo. No respondió ni levantó la voz. Solamente miró hacia el pasillo donde mi hermano pretendía dejarla esperando.
Yo había visto esa expresión antes, cuando algún cliente de la cafetería la trataba mal y ella prefería terminar su trabajo antes que darle el gusto de verla llorar.