Hablé sobre el dibujo.
Hablé del silencio.
Y por primera vez en mucho tiempo… alguien escuchó.
El director parecía serio.
Prometió investigar.
Y esta vez, no iba a esperar.
Durante los días siguientes, Sofía no regresó a la escuela.
La llevé al parque.
Caminamos juntos.
No hablamos mucho… pero compartimos más.
Y poco a poco, algo empezó a cambiar.
Al tercer día, Sofía me tomó de la mano sin que yo se lo pidiera.
Al cuarto día, sonrió mientras veía a un perro correr detrás de una pelota.
En el quinto día…
Río.
No fue una risa fuerte.
Pero era real.
Y sentí que algo dentro de mí estaba siendo reconstruido.
Una semana después, la escuela me llamó.
Habían revisado las cámaras.
Hablado con otros padres.
Y descubrí más de lo que imaginaba.
Sofía no fue la única que fue acosada.