Cuando repetí su petición, Trent intentó acercarse al teléfono. Pero Rachel se interpuso, tomó el celular de mi mano y activó el altavoz frente a los tres. ────────────────────── Escribe CASA y continuaré.
(Sé que quieres saber qué sigue. Continúa leyendo en los comentarios de abajo.)
Parte 2: —Rachel, necesito hacerte una pregunta muy sencilla —dijo mi abogado por el altavoz—.
¿Viste a tu esposo golpear a tu madre? Mi hija miró a Trent. Él negó lentamente con la cabeza, advirtiéndole que guardara silencio.
—Sí —respondió ella. Trent dio un paso hacia atrás. —¡No sabes lo que estás diciendo!
—Sí lo sé —contestó Rachel, aunque le temblaba la voz—. Te vi pegarle. Mamá no se cayó.
Mi abogado le pidió que no cambiara su respuesta para proteger a nadie y me recomendóponerme a salvo y buscar atención médica por el golpe.
Trent empezó a recoger sus maletas. —Perfecto. Si tanto quieren hacerme quedar como un criminal, me voy.
Pero tú vienes conmigo, Rachel. Mi hija permaneció junto a la entrada. —¿Y el dinero? —preguntó.
—Ya te dije que la cuenta está bloqueada. —Entonces dime por qué no puedo entrar a verla.
Aquella pregunta me hizo levantar la cabeza. Rachel confesó que, desde el día de la venta, Trent era el único que podía acceder a la cuenta donde supuestamente estaban invertidos los casi quinientos mil dólares.
Mi abogado escuchó aquello y le preguntó si había recibido alguna confirmación de la inversión.
Rachel no respondió enseguida. Trent dejó caer una maleta al suelo y le ordenó que terminara la llamada.
Pero mi hija apretó el celular contra su pecho y dijo que había una cosa más sobre el dinero que todavía nome había contado. ────────────────────── Escribe CASA y publicaré la Parte 3.
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