“No fue un accidente”
Las siguientes palabras hicieron que su respiración se volviera pesada.
Owen explicaba que durante meses había estado preocupado por su padre.
Según la carta, el muchacho había notado comportamientos extraños y discusiones que su padre intentaba ocultar.
Pero había algo más.
Owen aseguraba que, antes del viaje al lago, había escuchado accidentalmente una conversación entre su padre y uno de sus amigos.
No comprendió todo lo que estaban diciendo, pero una frase se le había quedado grabada:
“Después del lago, nadie volverá a preguntar.”
El muchacho había comenzado a sospechar que algo no estaba bien.
Por eso decidió escribir la carta y esconderla en el lugar donde sabía que alguien terminaría encontrándola: el escritorio de su profesora.
Pero había dejado otra pista.
Una que su madre jamás habría imaginado.