—¿Julian quería que yo tuviera derechos legales sobre Nora?
Chloe empezó a llorar.
Pero esta vez no eran únicamente lágrimas de tristeza.
—Creo que tu hijo estaba preparando algo mucho más grande que una confesión.
Y todavía faltaba descubrir por qué.
Llegamos al apartamento de Julian poco antes del mediodía.
Yo todavía tenía sus llaves.
Durante todo el trayecto, Nora no dejó de hacer preguntas.
—¿El tío Julian estará allí?
Chloe apretó el volante.
—No, cariño.
—¿Sigue en el hospital?
Vi cómo los dedos de Chloe se aferraban al volante.
—Luego hablaremos de eso, cielo.
Nora aceptó la respuesta y volvió a abrazar su conejo.
Yo miré por la ventanilla.
No sabía qué me dolía más: haber perdido a mi hijo o estar sentada junto