Yo saqué el celular.
Abrí el grupo de organización de la boda. Ahí estaban Ethan, Chloe, Patricia, mi hija Sarah y la coordinadora.
Durante meses había utilizado ese grupo para confirmar pagos, depósitos y contratos.
Ahora iba a utilizarlo para algo muy distinto.
Escribí un mensaje, lo leí una vez y apreté «Enviar».
El tren comenzó a moverse.
Antes de que desapareciera el último vagón, mi teléfono empezó a sonar.
Era Ethan.
Y por primera vez en mucho tiempo, decidí no contestarle.
El mensaje que había enviado decía: «Me regreso a casa. Desde hoy termina mi apoyo económico para la boda».
Me quedé mirando la pantalla unos segundos. Había escrito esas palabras con una calma que no sentía. Las manos todavía me temblaban, pero no era por haber perdido el tren. Era porque sabía que, después de aquel mensaje, mi relación con Ethan ya no podía continuar como antes.