Seguí con la cena previa a la ceremonia y con la empresa que proporcionaría parte del mobiliario.
Con cada correo enviado anotaba en una libreta amarilla el nombre del proveedor, la fecha y el número de confirmación.
No estaba haciendo aquello a ciegas.
Leía las penalizaciones y aceptaba las pérdidas correspondientes. No quería perjudicar a nadie que hubiera cumplido con su trabajo. Simplemente necesitaba dejar de asumir obligaciones económicas que la pareja tendría que decidir si podía cubrir.
El contrato más difícil fue el del salón.
La coordinadora contestó casi de inmediato.
—Barbara, precisamente estábamos revisando los últimos detalles para el sábado. ¿Todo está bien?
Miré la carpeta azul sobre la mesa.
—Necesito retirarme como responsable del contrato.
Hubo una pausa.
—¿Está solicitando la cancelación?
—Sí, por mi parte.
Me explicó que perdería una parte del depósito. Después agregó que la fecha todavía podía conservarse si Ethan y Chloe presentaban otra forma de pago y cubrían el saldo pendiente antes del día siguiente.