“Megan, cariño, ahora no es un buen momento”.
“¿Por qué no es un buen momento?”
“Es que…”, empezó a decir, pero se calló.
En menos de un minuto se excusó y subió las escaleras más rápido de lo que debería una mujer de su edad.
Se oyó el clic del cerrojo.
“Megan, cariño, ahora no es un buen momento”.
Entonces volvieron a oírse los ruidos, más fuertes que antes.
Un chirrido.
Una voz amortiguada que decía cosas que no acababa de entender.
“¿Mamá?”
Los ruidos se detuvieron.
Entonces volvieron los ruidos, más fuertes que antes.
Dejé las llaves y subí las escaleras, cada paso más pesado que el anterior.
“Mamá, abre la puerta”.
No hubo respuesta.
“Mamá, por favor. Tengo miedo. Solo háblame”.
Seguía sin haber respuesta.
Solo ese silencio horrible y repentino que me oprimía a través de la madera.