Y un hombre sin ninguna obligación de quedarse podía convertirse en familia a fuerza de desayunos, enfermedades, tareas escolares, paciencia y presencia.
Con el tiempo, Rodrigo aceptó dar su consentimiento para que Mariana y Emiliano consultaran las opciones legales necesarias para formalizar el vínculo familiar que Sofía ya reconocía en su vida cotidiana.
No fue una victoria sobre él.
Mariana nunca quiso verlo destruido.
La verdadera victoria fue dejar de necesitar que Rodrigo perdiera para que ella pudiera sentirse ganadora.
Su vivero creció hasta convertirse en uno de los negocios más conocidos de la zona. Contrató a tres mujeres del pueblo, abrió una pequeña tienda y comenzó a enviar plantas hasta Ciudad de México.
Emiliano cerró uno de sus restaurantes y mantuvo el otro administrado por un socio.
Publicó su primer libro de recetas sencillas con ilustraciones hechas por Sofía.
En la primera página escribió: