La investigación inicial confirmó que el departamento había sido rentado por dos años y que parte de los pagos provenía de una cuenta compartida. También descubrimos que Lucas había solicitado información sobre mis ingresos y prestaciones, haciéndose pasar por alguien autorizado para realizar trámites en mi nombre.
No había conseguido acceder a mis expedientes militares reservados, pero aquello me preocupó. Ya no parecía tratarse solamente de una aventura amorosa. Había dinero y documentos sospechosos de por medio.
Entonces recibí una llamada inesperada.
—¿La señora Ana Barbosa? —preguntó una mujer—. Soy Marina Almeida. La mujer que está esperando un hijo de su marido.
Guardé silencio.
—Lucas me dijo que ustedes prácticamente estaban divorciados —continuó ella, con la voz quebrada—. Pero encontré documentos que demuestran que nunca tuvo intención de separarse legalmente de usted.
—¿Qué documentos?
—Un poder notarial con su nombre y una autorización que supuestamente firmó. También encontré mensajes en los que habla de dejarle las deudas mientras él empieza una nueva vida.