—Además, queremos ofrecerle la dirección técnica de la siguiente fase de Atlas.
Lo miré sorprendida.
—¿La dirección técnica?
—Hemos revisado la documentación histórica del proyecto. Su contribución fue mucho mayor de lo que reflejaban las evaluaciones anteriores.
Sentí una punzada de indignación.
Daniel había presentado parte de mis ideas como si fueran suyas.
Había utilizado mis informes para conseguir reconocimientos.
Y después había logrado que yo misma
creyera que no estaba preparada para dirigir nada.
—Necesito revisar la propuesta con mi abogada —respondí.
El vicepresidente asintió.
—Por supuesto.
Por primera vez en mucho tiempo, alguien no intentó hacerme sentir culpable por necesitar espacio para decidir.
Salí del edificio con una carpeta bajo el brazo y el sol de mediodía sobre el rostro.
Entonces vi a Sophie.
Me esperaba junto al estacionamiento.
Tenía los ojos hinchados y el maquillaje corrido.