Abrí
otra carpeta.
Allí estaban las copias de los reportes de auditoría que había recopilado durante los últimos cuatro meses, los correos que me habían enviado y las actas de reuniones donde se habían tomado decisiones sospechosas.
No había accedido a cuentas ajenas ni alterado sistemas.
Me había limitado a conservar los documentos que recibía legítimamente como parte de mi trabajo.
Entre ellos había una advertencia que había enviado personalmente al departamento de seguridad.
El asunto decía:
“Posible uso indebido de credenciales del Proyecto Atlas”.Nunca recibí respuesta.
Más tarde descubrí
que Daniel había pedido que cerraran el incidente por considerarlo una falsa alarma.
Ahora comprendía por qué.
Tomé mi teléfono personal y llamé a una abogada.
—Señora Williams, soy Emily Carter.
—Emily. ¿Ha ocurrido algo?
—Sí. Creo que hoy intentarán acusarme de robar propiedad intelectual de mi empresa.