Cuando llegué a la empresa, el ambiente había cambiado.
La recepcionista me miró de una manera extraña.
Dos compañeros dejaron de hablar cuando pasé junto a ellos.
En el ascensor, un empleado del departamento comercial fingió estar muy interesado en el número de cada piso.
No me sorprendió.
Mi publicación había recorrido prácticamente toda la oficina.
Al llegar a mi planta, encontré a Sophie junto a la máquina de café.
Llevaba
una blusa blanca, una falda ajustada y una expresión de sufrimiento cuidadosamente ensayada.
En cuanto me vio, corrió hacia mí.
—¡Emily!
Intentó tomarme de las manos.
Me aparté con suavidad.
—Buenos días, Sophie.
Su sonrisa vaciló.
—¿Podemos hablar en privado?
—Claro.
Entramos en una pequeña sala de descanso.
Sophie cerró la puerta.
Su rostro cambió inmediatamente.
—¿Qué demonios estás haciendo?
Ahí estaba.
La verdadera Sophie.
—¿Te refieres a la publicación?