Me miró.
—Sí.
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.
—¿Usaste su teléfono?
—Lo dejó en casa.
—¿Y pensaste que fingir ser ella era normal?
—No. Pensé que era la única forma de conseguir que vinieras.
Negué con la cabeza.
—Eres increíble.
Volví a girarme hacia la puerta.
—Ábrela.
—Por favor. Hay algo más.
—No me importa.