Pero entonces una de las invitadas mencionó a Mauricio.
—Hace mucho que no vemos a tu hijo.
Teresa sonrió.
—Está muy bien.
Tomó una copa.
—Aunque últimamente anda muy ocupado.
Otra mujer preguntó:
—¿Con el trabajo?
Teresa soltó una pequeña risa.
—Digamos que tiene una compañía muy agradable.
El ambiente cambió.
Mariana estaba cerca de la mesa.
Escuchó cada palabra.
—¿Qué quieres decir?
Teresa miró alrededor.
Como si estuviera contando una historia divertida.
—Ay, no voy a decir nada. Pero mi hijo siempre ha sido muy querido por las mujeres.
Algunas rieron.
Mariana permaneció inmóvil.
No porque no doliera.
Sino porque ahora tenía confirmación de algo que ya sospechaba.
Teresa sabía.
Sabía que Mauricio tenía otra relación.
Sabía que estaba usando dinero del restaurante.
Y aun así había llegado allí a gastar como si nada estuviera ocurriendo.
Tres horas después, los platos estaban vacíos.