Mi suegra me dio una paliza tan brutal que tuvieron que llevarme de urgencia al hospital. Mi marido se quedó allí de pie y me dijo: «Te lo merecías por negarte a darnos el dinero».

Sin embargo, todavía faltaba la última pieza del puzle.

Y, al final, fue la propia Amber quien nos entregó la prueba definitiva.

PARTE 3

Amber pidió reunirse a solas con los fiscales, desesperada por negociar un acuerdo a espaldas de su marido.

Fue entonces cuando comprendí de verdad que mis suegros, tan unidos y crueles cuando se trataba de maltratarme a mí, eran unos cobardes que se traicionaban entre ellos en cuanto apareció la posibilidad real de acabar en prisión.

Amber entró en la Fiscalía llevando dentro de una bolsa de tela un viejo libro de cuentas de cuero. Insistía en que ella «solo obedecía a su marido».

El libro contenía fechas, cantidades y números de cuentas escritos a mano. Indigo había llevado un registro meticuloso de cada comisión ilegal procedente de la empresa, cada pago de hipoteca cubierto con dinero robado, cada transferencia al extranjero y cada préstamo concedido a familiares utilizando fondos desviados de la compañía.

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