Los aspersores no fueron una venganza. Quiero ser preciso al respecto. La venganza requiere una respuesta desproporcionada, una escalada que va más allá del daño original. Regué mi césped. El suelo reaccionó como lo hace un suelo arcilloso saturado al añadirle peso y luego agua. No dañé su vehículo. No toqué su propiedad. No le causé ningún daño más allá del que él mismo había provocado al dejar una máquina de dos toneladas en mi terreno durante una noche lluviosa.
Lo que hice fue dejar de enseñarle la lección equivocada y empezar a enseñarle la correcta.
La línea divisoria entre nuestras casas está exactamente donde siempre ha estado.
Solo hizo falta un poco de agua para que se hiciera visible.