y a Martín allanando los archivos confidenciales de la compañía en plena madrugada para robar documentos de un fideicomiso antiguo.
Con el apoyo de su tío David, Daniel destapó la verdad: su abuelo le había heredado un valioso terreno protegido desde 1944, y los Collins estaban coludidos con un juez influyente llamado Arthur Sterling-Vance para quitárselo. Toda la farsa de hacerlo sentir poca cosa durante ocho años no era casualidad; necesitaban mantenerlo mangoneado y sin carácter para despojarlo de su verdadero imperio sin levantar sospechas, pero su teatrito acababa de derrumbarse por completo.