Depositó con cuidado mis credenciales sobre la mesa y ofreció su total colaboración policial, sin plantear más preguntas sobre mis actividades encubiertas.
El jefe frunció el ceño, observando la documentación local que yacía esparcida sobre la mesa.
—Su expediente está bloqueado al nivel más alto posible. ¿Para quién trabaja exactamente? —preguntó con curiosidad.
Coloqué la mano con firmeza sobre mi placa metálica y mantuve el contacto visual con el oficial, quien lucía un gesto agotado.
—Llevo meses preparando este caso y, a partir de este preciso instante, el FBI se hará cargo de todo —afirmé con absoluta claridad.
Le comuniqué formalmente que la jurisdicción local sobre esta compleja investigación de fraude sucesorio quedaba transferida, de manera permanente, a un grupo operativo federal especializado que aguardaba mis órdenes.
El departamento de policía local dejaría de tener cualquier participación activa en el procesamiento de los sospechosos implicados en esta trama de extorsión.