PARTE 2 – A LA 1:46 A. M., DOS AGENTES DE POLICÍA ENTRARON A LA FUERZA EN MI CASA CON UNA ORDEN JUDICIAL; PERO, CUANDO EL JEFE DE POLICÍA DESCUBRIÓ QUIÉN ERA YO EN REALIDAD, TODO CAMBIÓ.

Confiscaron metódicamente todos los expedientes físicos de sus clientes, así como sus servidores informáticos cifrados, asegurando así la preservación de todo el rastro de sus transacciones financieras ilegales.

Permanecí inmóvil en el interior de la tranquila comisaría, observando en varios monitores de vigilancia cómo culminaba con éxito mi exhaustiva operación encubierta.

Firmé con total seguridad los documentos de autorización legal definitiva, sabiendo que mi traicionera familia se dirigía, por fin, directamente a una prisión federal.

PARTE 4 – FINAL

Habían pasado 14 meses desde aquella caótica mañana de la redada táctica coordinada, y el juicio federal llegaba por fin a su etapa final.

El fiscal federal principal se colocó con seguridad ante el estrado y procedió a leer, en voz alta y para que constara en el registro público permanente,

cada una de las pruebas documentales falsificadas.

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