Respiré profundamente.
—Durante todos estos años oculté deliberadamente mi profesión.
No por vergüenza.
Sino porque mi trabajo estaba sujeto a estrictas normas de confidencialidad.
Preston siempre
creyó que era una simple funcionaria administrativa.
Nunca preguntó.
Nunca le interesó.
Solo le convenía que yo pareciera insignificante.
Vi cómo evitaba mi mirada.
Entonces llegó el primer giro inesperado.
—Solicito autorización para presentar evidencia de ocultamiento patrimonial.
Martin levantó la cabeza.
—Eso no figura en…
—Sí figura.
Le mostré el anexo tres.
Su expresión cambió.
Habían olvidado revisar una modificación presentada días antes.
El secretario entregó al juez varias carpetas.
Dentro había registros bancarios internacionales.
Transferencias.
Sociedades pantalla.
Y una cuenta en las Islas Caimán.
Preston se puso de pie de golpe.
—¡Eso es información confidencial!
Lo miré fijamente.
—No cuando afecta la división de bienes matrimoniales.
Martin se llevó una mano a la frente.