Él intentó tocar la llama y yo sonreí.
—No, pequeño.
Lo abracé.
—Todavía tenemos muchas cosas por vivir.
Apagué la vela.
Y por primera vez en mucho tiempo, no tuve miedo de mirar hacia el futuro.
Porque ya no era la esposa de Brandon.
Ya no era la mujer que él intentó convertir en una cifra de cincuenta millones de dólares.
Era una madre.
Una sobreviviente.
Y una mujer que había aprendido que algunas personas pueden intentar enterrarte antes de tiempo.
Pero la verdad siempre encuentra una manera de salir a la luz.