—¿Y mi hijo?
El médico bajó la mirada unos segundos.
—El bebé está en una situación delicada. El equipo de obstetricia está trabajando.
Julian cerró los ojos.
Solo un instante.
Pero Genevieve lo vio.
Y sonrió ligeramente.
Porque todavía creía que podía controlar la situación.
Se acercó.
—Julian, hijo, esto fue un accidente terrible.
Él abrió los ojos.
La miró.Y esa mirada hizo que la sonrisa de Genevieve desapareciera.
—¿Un accidente?
Su voz era baja.
Demasiado baja.
—Sí. Sophia estaba caminando por las escaleras y perdió el equilibrio.
Julian permaneció inmóvil.
—Qué curioso.
Genevieve frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Él sacó su teléfono.
—Que mi esposa me llamó tres veces antes de caer.
El rostro de Genevieve cambió.
—Ella estaba nerviosa. Ya sabes cómo son las embarazadas.
Julian no respondió.
Solo hizo una señal.
Un hombre con traje oscuro se acercó.