La voz de Emiliano hizo vibrar el lugar.
Patricia se quedó blanca.
Daniela dejó de luchar. Martina corrió hacia su padre, pero se frenó a mitad del camino, como si no supiera si podía confiar en él.
Ese pequeño gesto le dolió más que cualquier golpe.
Emiliano se acercó despacio.
—Estoy aquí, mi amor.
Martina finalmente corrió a abrazarlo.
Daniela no lo hizo.
Solo señaló el sillón.
—La grabadora está abajo.
Ramiro la recogió y la guardó como evidencia.
Patricia intentó sonreír.
—Emiliano, esto no es lo que parece. Las niñas están confundidas. Rosa las manipuló.
—Te vi esconder la pulsera.
La sonrisa se le borró.
—Yo puedo explicarlo.
—También te escuché amenazarlas.
—Estaba asustada. Rosa quiere separarnos.
—Te vi encerrar a Rosa.
Patricia retrocedió.
—Ella me provocó.
Emiliano abrió la bodega y liberó a la empleada.
Rosa salió con el brazo enrojecido, pero su primera reacción fue buscar a las niñas.