Abrí la tapa.
Vi escrituras de propiedad, algunas fotografías antiguas y un estuche de terciopelo.
Dentro del estuche había un anillo de oro con un pequeño zafiro engastado.
A su lado, un sobre con una inscripción:
«Para Mabel. Mi hija por elección».
Rompí a llorar.
Pero la verdadera sorpresa llegó cuando Samuel me mostró la valoración actual del fideicomiso.
Al pie de la página aparecía una cifra:
2 840 000 dólares.
Casi tres millones.