PARTE 2 — EL TESTAMENTO QUE DESTRUYÓ LAS KARAMENTIRAS DE MI FAMILIA

Mi mente regresó inmediatamente al convoy.

A la explosión.

Al humo.

A los gritos.

Y al rostro de Lewis, mi mejor amigo, segundos antes de que todo desapareciera.

Sentí que la rodilla lesionada comenzaba a doler.

—General, ¿qué relación tiene esto con mi misión?

Whitaker me observó durante varios segundos.

Después sacó una fotografía.

Mostraba a mi padre entrando en un edificio de oficinas.

A su lado caminaba un hombre con traje oscuro.

Reconocí inmediatamente su rostro.

Era el coronel Richard Vance.

El oficial que había supervisado parte de la planificación de nuestra última misión.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Por qué mi padre estaba reunido con Vance?

Whitaker respondió con cautela.

—Eso es precisamente lo que debemos
averiguar.

Aquella noche regresé a Norfolk.

Knox me recibió moviendo la cola.

Me senté en la cocina y coloqué todos los documentos sobre la mesa.

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