PARTE 2 — EL TESTAMENTO QUE DESTRUYÓ LAS KARAMENTIRAS DE MI FAMILIA

Mostraba a Lewis.

Mi amigo.

El hombre cuya bandera conservaba en mi baúl militar.

Pero la imagen tenía algo imposible.

Había sido tomada apenas tres semanas atrás.

Lewis aparecía sentado en una silla de ruedas.

Estaba vivo.

Sentí que el teléfono casi se me escapaba de las manos.

Entonces llegó un segundo mensaje.

«Su abuelo descubrió la verdad antes de morir. Su padre lleva doce años intentando asegurarse de que usted nunca la conozca».

Y finalmente apareció una última frase.

«Lewis no murió en la explosión, comandante. Alguien lo mantuvo oculto porque sabe quién dio la orden».

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