PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

Incluso en aquel momento, él seguía sin asumir la responsabilidad de sus actos.

—Yo no preparé esos documentos, Spencer.

—¡Pero tú has traído a tu padre aquí!

—Te llamé porque necesitaba saber la verdad sobre mi matrimonio. La revisión de tu empresa es asunto de los inversores.

Raymond intervino con calma.

—Mi hija no tiene que demostrar nada para que examinemos una inversión. Y usted no puede convertir una revisión financiera en una disputa matrimonial.

La directora jurídica cerró la carpeta.

—La decisión sobre la financiación queda suspendida hasta que recibamos y verifiquemos las aclaraciones necesarias.

Spencer se quedó mirando la mesa.

Aquel acuerdo era la pieza central de su plan para expandir la empresa.

Sin él, tendría que responder ante su consejo, sus acreedores y sus socios.

—Necesito más tiempo —dijo finalmente.

—Lo tendrá —respondió Raymond—, dentro de los plazos que correspondan. Pero no habrá excepciones por relaciones personales.

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