Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

La llamada terminó poco después.

Me senté al borde de la cama.

En menos de doce horas, había descubierto que mi esposo me engañaba, que pretendía sacar millones de nuestra cuenta y que un documento de mi padre había desaparecido.

Ahora empezaba a sospechar que mi propia abogada sabía más de lo que estaba dispuesta a reconocer.

Aquella noche no dormí.

A las ocho y media de la mañana siguiente, salí de casa con una carpeta llena de documentos y una decisión tomada.

Iba a descubrir la verdad, aunque tuviera que enfrentarme a todas las personas que alguna vez había amado.

Pero primero tenía que encontrar a Beatriz.

El Café Belmonte estaba casi vacío cuando llegué.

Elegí una mesa cerca de la ventana y pedí un café que apenas probé.

A las nueve y siete minutos, una mujer de cabello gris, lentes oscuros y un abrigo azul marino entró al establecimiento.

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