PARTE 2 — LOS DOS NIÑOS QUE DESTRUYERON SU MENTIRA

Brielle se cubrió la boca.

—Dios mío…

Pero todavía faltaba lo peor.

Dentro de la carpeta había una carta firmada por el doctor Mercer.

Estaba dirigida a Preston.

La leí lentamente.

“Señor Holloway: le recuerdo que no debe presentar los resultados de su esposa como evidencia de infertilidad irreversible. Los estudios realizados hasta la fecha no justifican esa conclusión.”

Sentí que el corazón se me rompía.

No porque todavía amara a Preston.

Sino porque recordé a la mujer que había sido.

La mujer que lloraba frente al espejo.

La que evitaba las reuniones familiares porque todos preguntaban cuándo tendría hijos.

La que aceptaba en silencio las humillaciones de su esposo porque creía que le había arrebatado la oportunidad de ser padre.

Mi padre me abrazó.

—Audrey, nunca hubo nada malo en ti.

Lloré contra su hombro.

Por primera vez, aquellas palabras comenzaron a sanar una herida que llevaba demasiado tiempo abierta.

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