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Nos casamos al día siguiente en su habitación del hospital.
Llevaba una corbata en lugar de mi estetoscopio.
Debería haber seguido intentándolo.
Una enfermera trenzó tiras finas de venda limpia para formar dos anillos.
Alicia llevaba un pañuelo blanco sobre su cabeza rapada, a modo de velo.
Su hermana, Nora, trajo flores.
Alicia sonrió durante toda la ceremonia.
Nora le acomodó el pañuelo un par de veces y luego me apretó la mano.
Su hermana trajo flores.
«Gracias. Le has dado algo. Lo digo de verdad».
Me marché creyendo que había ayudado.
***
Dos días después, Alicia ya no estaba.
En el funeral, me quedé detrás de personas que la habían querido toda su vida, sin saber muy bien cuál era mi
lugar.
«Lo digo de verdad».
Más tarde, mientras estaba junto a mi coche, Nora se acercó apresuradamente con una pequeña caja sellada.