Ramira levantó inmediatamente la cabeza.
—¿Una caja negra?
Salomé negó.
—Era pequeña, como un teléfono. Tenía una luz roja.
El coronel sintió que el corazón comenzaba a latir violentamente.
—¿Dónde la escondió?
La niña miró a su madre.
—Dentro de mi oso de peluche.