La puse junto a una foto reciente de mis dos hijas.
Durante décadas, aquella casa había representado una historia que alguien dejó sin terminar.
Ahora no necesitaba convertirla en un monumento.
Sólo quería que volviera a ser algo normal.
Una puerta que pudiera abrirse sin miedo.
Un lugar donde mis hijas supieran de dónde venía su padre.
Y donde ningún documento escondido pudiera decidir otra vez quién tenía derecho a conocer su propia historia.