La pregunta ya no era si Diego la amaba.
La pregunta era cuánto de la relación había sido real.
A la mañana siguiente, Valeria regresó a revisar sus cosas sin avisarle a Diego.
Encontró fotografías, regalos, recibos y pequeños objetos que durante años habían parecido pruebas de una relación normal.
Ahora los miraba de otra manera.
No porque todos fueran falsos.
Sino porque ya no sabía cuáles habían nacido de una decisión sincera y cuáles habían sido utilizados para mantenerla dentro del juego.
Entonces recordó algo aparentemente insignificante.
Una fotografía que Diego siempre había guardado en un cajón y que nunca dejaba que ella revisara.
Hasta ese momento nunca había insistido.