La curiosidad pudo más que el cansancio.
Siguió a la enfermera por el pasillo y la vio entrar en un cuarto lateral.
Desde la puerta, Valeria alcanzó a distinguir la bolsa que contenía la sangre que acababa de donar.
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La enfermera la sacó.
Y la dejó caer dentro de un contenedor rojo para residuos biológicos.
Valeria sintió que algo no encajaba.
Quizá había entendido mal.
Quizá aquella bolsa no era la que acababa de donar.
Quizá existía un procedimiento que ella desconocía.
Entonces escuchó risas.
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Venían de la habitación VIP.
La puerta estaba entreabierta.
Bruno volvió a hablar.
«No puedo creer que volvió a caer».
Valeria avanzó apenas dos pasos.
Desde el pasillo pudo ver a Diego.
Estaba recostado en la cama.
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No tenía heridas visibles.
No llevaba oxígeno.
No tenía yeso.
Ni siquiera parecía alguien que acabara de salir de una cirugía complicada.