—Tampoco te pregunté cómo planeabas que me enterara.
Sacó el aire por la nariz.
—Mariana, llevamos meses mal.
—Tú llevas meses diciendo que estamos mal. Yo llevaba meses creyendo que estábamos cansados por tener una recién nacida.
—No puedes decir que no había problemas.
—Nunca dije eso.
Lo miré directamente.
—Ahora explícame los 190,000 pesos.
Su espalda se tensó.
Por primera vez desde que había entrado, dejó de tener una respuesta lista.
—¿Qué 190,000?
Ahí supe que debía seguir haciendo preguntas cortas.
No discursos.
No acusaciones que pudiera convertir en una discusión sobre mi tono.
Abrí el archivo en la tableta y la giré hacia él.
—Estos.
Diego no tocó la pantalla.
—Estás revisando cosas privadas.
—Son movimientos de cuentas a las que tengo acceso.
—No entiendes cómo manejo el dinero.
—Explícamelo.
—Son ahorros.
—¿Por qué los moviste?
—Porque necesitaba protegerme.